Por qué el cuerpo se vuelve rígido con los años según nuestro fisioterapeuta (no es la edad)

Cuando vivimos bajo estrés constante, nuestro cuerpo se mantiene en modo «alerta» todo el tiempo. Esto hace que los músculos estén tensosla fascia menos flexible, la circulación más lenta y el sistema nervioso en modo de «lucha o huida».

Muchos de los síntomas que asociamos con el envejecimiento son, según los expertos, efectos de este estrés crónico. El masaje rutinario y los ejercicios de movilidad ayudan a romper ese patrón, enviando señales al cuerpo de que es seguro relajarse. Al relajarse los tejidos y mejorar la circulación, el sistema nervioso entra en modo «recuperación», permitiendo al cuerpo reparar y regenerar. Con el tiempo, esto establece una «nueva normalidad» más relajada, eficiente y resistente, reduciendo la tensión acumulada

Es una especie de «reset biológico» que cambia la manera en la que envejece el cuerpo, sin ser magia, sino fisiología y neurología aplicada. Nos hemos puesto en contacto con el fisioterapeuta rehabilitador de Dicafit Wellness Club, Javier Rodríguez López, para entender todo esto un poco mejor. Él, haciendo referencia a estudios con evidencia científica siempre, nos ha contado lo siguiente.

¿Cómo afecta el estrés crónico al cuerpo?

«El estrés crónico mantiene activado el sistema nervioso simpático, lo que provoca aumento de la contracción muscular, especialmente en cuello, hombros y zona lumbar, disminución de la movilidad articular, respiración más superficial con menor uso del diafragma y mayor fatiga muscular con peor recuperación», nos explica Javier para empezar.

Asegura que, con el tiempo esto genera sobrecargas, rigidez y aparición de dolor sin lesión estructural clara. «La evidencia se encuentra en estudios sobre fascia y dolor lumbar que muestran que la contracción mantenida y la tensión reducen el deslizamiento entre tejidos, favoreciendo la rigidez y el dolor», argumenta el fisioterapeuta.

Por qué necesitas que te den un masaje

¿Qué ocurre con la fascia cuando hay tensión mantenida?

«La fascia es un tejido conectivo que envuelve músculos y estructuras», sostiene Javier. «Cuando existe estrés prolongado pierde elasticidad, se vuelve más rígida y menos hidratada, aumenta la fricción entre tejidos y disminuye la capacidad de deslizamiento», explica.

¿En qué se traduce esto para el experto? En sensación de cuerpo agarrotado y limitación de movimiento incluso sin lesión. «Además, es un tejido altamente inervado, implicado en el dolor y en la percepción corporal», nos cuenta.

Por qué necesitas darte un masaje

¿Rigidez significa envejecimiento o falta de movimiento?

Ante esta duda, el fisioterapeuta es claro: «El envejecimiento influye, pero no es el principal factor». Explica que «la mayoría de la rigidez se debe a falta de movimiento variado, posturas mantenidas como ocurre en el trabajo sedentario y estrés sostenido». Y nos cuenta que «las personas activas mantienen niveles de movilidad muy superiores independientemente de la edad». Por eso, para él, «no es tanto la edad, sino cómo se utiliza el cuerpo a lo largo de los años».

¿El cuerpo se adapta a la tensión crónica?

Javier es claro. Esto ocurre y de hecho es el problema. «El cuerpo es altamente adaptable. Si vive en tensión constante aumenta el tono muscular basal, reduce los rangos de movimiento, cambia los patrones posturales y normaliza esa rigidez», sostiene.

«Esa tensión se convierte en su zona de confort. Por eso muchas personas dicen «siempre he sido rígido» cuando en realidad se trata de una adaptación y no de una condición fija», alerta.

Alice Campello se relaja después de un masaje del método Fajs

¿Cómo evitar que la tensión se convierta en dolor?

Las intervenciones eficaces, según el experto son: el movimiento regular, los estiramientos y la movilidad, el trabajo de fuerza y la variabilidad de estímulos.

«El tejido necesita movimiento para mantenerse sano. El cuerpo no se vuelve rígido porque sí. Se vuelve rígido porque se adapta a cómo vivimos», advierte. Y lanza para terminar un mensaje alentador: «igual que se adapta a la tensión, el cuerpo también puede adaptarse al movimiento. Y ahí es donde empieza el cambio».

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