¿Eres sensible a la cafeína? Este gen podría ser el responsable

Para muchos, el café es un ritual sagrado para iniciar el día. Sin embargo, hay para quienes tomar medio capuchino se traduce en sentir el corazón acelerado. ¿Por qué la misma bebida puede resultar energizante y placentera para unos, y desestabilizadora para otros? La respuesta, según los científicos, está en nuestros genes. 

El ADN detrás de tu taza de café

La protagonista de esta historia es una variante del gen CYP1A2, encargado de regular la producción de la enzima responsable de metabolizar la cafeína. Todas las personas tenemos este gen, pero no todos lo expresamos de la misma manera. Diversos estudios han demostrado que las diferentes reacciones ante la cafeína se deben a la velocidad con la que el organismo procesa esta sustancia. 

En términos simples, existen tres maneras diferentes en los que nuestro cuerpo reacciona al consumo de cafeína:

  • Metabolizadores rápidos: procesan la cafeína con mayor eficiencia. Sus efectos suelen ser más breves y menos intensos.
  • Metabolizadores intermedios: presentan una combinación genética que produce una respuesta moderada.
  • Metabolizadores lentos: la cafeína permanece más tiempo en su sistema, lo que puede traducirse en nerviosismo, taquicardia o dificultad para dormir incluso con dosis bajas.

Aproximadamente la mitad de la población pertenece al grupo de metabolizadores rápidos,mientras que un porcentaje menor, la procesa de forma lenta y es más propenso a experimentar efectos adversos. Por esta razón no es de extrañar que al conocer la reacción de tu cuerpo ante el café, te decidas por un descafeinado o bien lo sustituyas con otra bebida. 

¿Qué ocurre en el cerebro?

Sabemos que las reacciones físicas puedes ser nerviosismo, taquicardia, dificultad para respirar, mareos o temblores. Sin embargo, en el interior, la cafeína actúa directamente sobre el sistema nervioso central. Su mecanismo principal consiste en bloquear los receptores de adenosina, una sustancia que el cerebro produce para inducir sensación de sueño y relajación. 

Cuando la cafeína ocupa esos receptores, la sensación de fatiga disminuye y aumenta el estado de alerta. Sin embargo, la intensidad de esta respuesta también puede variar según factores genéticos relacionados con los propios receptores neuronales, lo que explica por qué algunas personas sienten simplemente un subidón de energía y otras desarrollan ansiedad o agitación. No todo es genética y aunque el ADN tiene un peso importante, no es el único factor. 

La tolerancia también juega un papel clave. El consumo habitual de café puede hacer que el cuerpo se adapte, requiriendo mayores cantidades para lograr el mismo efecto estimulante. Además, influyen variables como el peso corporal, el uso de anticonceptivos hormonales, el embarazo, el tabaquismo o ciertos medicamentos, todos ellos capaces de modificar la velocidad de metabolización

¿Es necesaria una prueba genética?

Hoy existen tests que analizan variantes del gen CYP1A2 y ofrecen orientación personalizada sobre el consumo de cafeína. Sin embargo, más allá de la curiosidad científica, los especialistas coinciden en que aprender a escuchar a tu cuerpo sigue siendo la mejor guía. Si después de una taza experimentas palpitaciones, ansiedad o insomnio, es probable que pertenezcas al grupo de metabolizadores lentos. 

Si puedes tomar un café después de cenar y dormir profundamente, tu genética podría estar trabajando a tu favor. Lo importante es prestar atención a las señales de tu cuerpo. Entender cómo interactúan nuestros genes con lo que consumimos abre una nueva conversación sobre bienestar y autocuidado, pues un simple gesto cotidiano como tomar una taza de café, al final puede revelarnos más de lo que imaginamos.

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