
Hay regalos que se envuelven en papel y otros que se quedan a vivir en la memoria. Viajar es, quizá, el más valioso de todos. Porque aunque los juguetes se olviden y la ropa deje de quedar, los recuerdos de la infancia permanecen para siempre a través de un paseo en bote al atardecer, el descubrimiento de un sabor nuevo o la emoción de escuchar otro idioma por primera vez.
La primavera ofrece el escenario perfecto para ese tipo de experiencias. La luz se vuelve más suave, los jardines comienzan a florecer y el mundo parece recuperar un ritmo más amable, antes de la intensidad del verano. Como si se tratará de una época que nos invita a caminar sin prisa y redescubrir la capacidad de asombro a través de los ojos de los más pequeños.
Para muchas familias, estos espacios se han convertido en el verdadero significado de lujo. Sin embargo, esto no significa que se tenga que ir únicamente a destinos lejanos u hoteles icónicos, la magia radica en la posibilidad de compartir tiempo real y momentos que algún día se contarán con nostalgia.
Aquí, te compartimos cinco destinos combinan belleza, privacidad y experiencias diseñadas para todas las generaciones, con paisajes dignos de postales, pero con la ventaja de la calma que ofrecen en los meses de marzo a mayo, previo a las vacaciones de verano.
5 destinos para viajar en familia en primavera
Lago di Como (Italia)
En primavera, el Lago di Como recupera su carácter más íntimo. Las villas históricas despiertan entre jardines en flor y el agua refleja los Alpes en una precisión casi fotográfica. Las familias pueden recorrer el lago en lancha privada, detenerse en pueblos como Bellagio o disfrutar almuerzos largos frente al agua mientras los niños exploran terrazas centenarias.
Es un destino que combina libertad y sofisticación con absoluta naturalidad. Hospedarse en Grand Hotel Tremezzo eleva la experiencia: suites familiares, servicio impecable y acceso directo al lago convierten cada día en una escena inolvidable, donde el tiempo parece expandirse.
Provenza (Francia)
Antes de la temporada alta, Provenza respira con suavidad. Los mercados comienzan a llenarse de flores frescas, el aroma a pan recién horneado invade las calles y los paisajes rurales invitan a perderse sin prisa.
Aquí, las familias pueden recorrer pueblos medievales, organizar picnics entre viñedos o tomar clases de cocina privadas donde los niños participan activamente. La estancia en Airelles Gordes, La Bastide ofrece vistas infinitas y un servicio discreto que permite disfrutar cada momento con total serenidad. Es un destino que enseña que el lujo también puede ser una mesa compartida bajo el sol de la tarde.
Kioto (Japón)
Durante la floración de los cerezos, Kioto se transforma en un paisaje casi irreal. Los pétalos rosados caen suavemente sobre templos y senderos, creando escenas que los niños y, por supuesto, los adultos, difícilmente olvidarán.
Alojarse en un ryokan contemporáneo como HOSHINOYA Kyoto —al que se accede en bote por el río— permite vivir la tradición japonesa desde la intimidad: cenas kaiseki privadas, jardines silenciosos y ceremonias del té diseñadas para toda la familia.
Caminar bajo los sakura al amanecer, cuando la ciudad aún duerme, es una de esas imágenes que se convierten en recuerdo eterno que tendrás que inmortalizar a través de fotografías que, sin duda, se convertirán en las protagonistas de tus post vacacionales.
Zermatt (Suiza)
Una aventura alpina en plena primavera también es una excelente opción para aquellos que huyen de los climas calurosos. En Zermatt las cimas aún conservan nieve, pero la primavera suaviza el ambiente en esta región de los Alpes logrando el equilibrio perfecto entre naturalezay hospitalidad de alto nivel.
Aquí es posible alternar esquí de final de temporada con caminatas panorámicas o picnics frente al icónico Matterhorn. En The Omnia, el diseño contemporáneo y la privacidad absoluta crean el refugio ideal tras un día al aire libre donde la aventura se vive sin tener que sacrificar comodidad.
Riviera Maya (México)
Durante estos meses, el Caribe mexicano está en su momento perfecto. Si el tiempo te impide realizar un viaje más largo, la Península de Yucatán es la opción perfecta para quienes prefieren permanecer en México sin que esto signifique renunciar a la exclusividad.
La primavera en la Riviera Maya ofrece clima ideal y mayor tranquilidad, pues no es sino hasta el verano cuando este destino se encuentra en su máxima ocupación. Con experiencias que pueden diseñarse a la medida; los turistas pueden elegir entre la navegación privada por el Caribe, visitas culturales con guía personalizado a zonas arqueológicas o días enteros de descanso frente al mar turquesa.
La zona cuenta con una gran oferta hotelera en la que puedes elegir desde lugares ecofriendly para conectar con la naturaleza en su forma más simple, hasta villas con alberca privada que permiten a cada miembro de la familia llevar su propio ritmo. El escenario perfecto para reconectar, celebrar y simplemente estar juntos.
Y es que, sin duda, viajar en primavera no es solo cambiar de escenario. Es sembrar recuerdos que nos acompañarán y regalar experiencias que formarán parte de las historias que algún día contaremos al evocar una risa compartida frente al lago, un amanecer rosado en Japón, el aroma del pan en un mercado francés o la primera vez que sentimos la nieve en las manos, porque en un mundo donde todo parece efímero, crear memorias duraderas en familia es, sin duda, el lujo más extraordinario de todos.









